Nadie es imprescindible.
Saberse perdedor es comenzar,
no es lo mismo perdedor que fracasado.
Un perdedor lúcido
no ceja en su batalla
y, no por empecinamiento,
sino por sentimiento,
por voluntad de ser.
Sus vísceras, su cuerpo y el alma
lo empujan con tenacidad
a encarar el rostro de la muerte
batallando día a día con la vida.
A veces
abatido
escapa...
Se detiene,
contempla el mar,
enciende una hoguera.
Conversa con otro perdedor
Se emborrachan, lloran
bailan y ríen.
relatan batallas,
sueños, heridas...
Y tras compartir un abrazo
se despiden
seguros de la próxima batalla.
LA GRAN RODOREDA
Hace 3 semanas
(me equivoqué de post...ahora sí:)¡¡Qué bonito!!,¡¡qué real y lúcido!! Enhorabuena...
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